Un joven fue a Madrid y,
sabiendo que su novia necesitaba unas gafas, vió, en una óptica, la
ocasión de comprarle unas buenas, bonitas y baratas. Entró en el
establecimiento y, después de ver unas cuantas, escogió las que mejor le
parecieron. La dependienta se las envolvió y, él, pagó la cuenta, pero,
al salir, en lugar de coger la caja con las gafas, se llevó otra muy
parecida que había al lado y que contenía unas bragas que, seguramente,
alguna clienta de las que había en la tienda, se acababa de comprar. El
chico no se dio cuenta de la equivocación, se fue directamente a correos
y le envió la caja a su novia, junto con una carta. Tres días después,
la novia recibió el paquete y, extrañada por su contenido, leyó la carta
que decía:
"Querida Marta:
Espero
que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te
hacen, ya que llevas mucho tiempo con las otras que tenías y, éstas, son
cosas que deben cambiarse, de vez en cuando. Espero haber acertado con
el modelo. La dependienta me dijo que se trataba de la última moda y me
enseñó las suyas, que eran iguales. Entonces, yo, para ver si resultaban
cómodas, cogí y me las probé, allí mismo. No te puedes ni imaginar cómo
se rió la dependienta, porque estos modelos femeninos, en los hombres,
quedan muy graciosos y más en mí, que, como sabes, tengo unos rasgos muy
masculinos. Le pedí, a una chica, muy parecida a ti, y que estaba allí,
mirándome, que se quitara las suyas y se las pusiera, para que yo
pudiera ver el efecto que hacían en ella. La jovencita estaba
encantadora, así que me decidí y te las compré.
Póntelas y
enséñalas a tus padres, a tus hermanos y, en fin, a todo el mundo, a ver
qué dicen. Al principio te sentirás muy rara, acostumbrada a ir con las
viejas y más, ahora, que has estado algún tiempo sin llevar puestas
ningunas. Usalas para salir a la calle y verás como, todo el mundo,
notará que las llevas.
Si te estuvieran pequeñas... ¡Dímelo! Te
las cambiaría para que no te dejasen señal cuando te las quitaras. Ten
cuidado de que, tampoco te estén grandes, no sea que vayas andando y se
te caigan. Llévalas con cuidado y, sobre todo, no vayas a dejártelas por
ahí y las pierdas, que tienes la costumbre de llevarlas en la mano,
para que todos vean tus encantos. En fin, para qué te voy a decir nada
más. Estoy deseando vértelas puestas. Me estoy imaginando, ahora, lo
sexi que pueden hacerte parecer.
Creo que, éste, es el mejor regalo que podría hacerte... ¿Convienes, en ello, conmigo? ~ ¡Un beso! Manuel."